martes, febrero 26

ensayos sobre los inconformes I: los patrones

Patrón viene del latín pater, patronus, que siginifica 'padre'. Y en efecto los patrones –Freud tendría algo que decir sobre esto- representan una figura paternal en la medida en que ésta es insaciable, eternamente inconforme. Un aura de insatisfacción envuelve a los patrones. No importa el tamaño o la importancia del trabajo, estos son siempre seres inquebrantables a los que la máscara de la jerarquía ha devorado. Detrás de un patrón no hay hombre, hay un patrón. Sus actitudes y sus acciones no están orientadas, como muchos creen, por la ambición o el ansia de éxito, sino por el envestimiento que se les ha dado. No importa si se es dueño de una trasnacional o el encargado nocturno de un minimercado, el patrón sufrirá de las mismas frustraciones y los mismos desencantos. Tomemos el ejemplo del encargado.

Uno consigue un trabajo por las noches en un minimercado lidereado salomónicamente por un encargado recién ascendido. Uno piensa que habrá poco trabajo y que por las tardes se tendrán las suficientes fuerzas para continuar con los estudios, la mujer o el otro trabajo. Porque uno tiene vida allende ese letrero de abierto las 24hrs. Sin embargo, el encargado no comparte esta idea, ni siquiera la concibe. El encargado revisará instalaciones, cuentas, inventarios y llegará a la conclusión de que en su turno se vende menos que en el matutino. Uno pensará que la gente duerme, hace el amor o se emborracha por las noches, todo menos ir al minimercado, a no ser por pastillas para el sueño, condones o cigarros. Sin embargo, otra vez, el encargado no comparte esta idea. Y lo pondrá a uno a reacomodar estantes, seducir señoras, lustrar el calzado, repartir volantes, despertar vecinos y hacer, en fin, todo lo que sea posible para vender más. Al final uno terminará dado de baja en la universidad, dejado por la novia, despedido del otro trabajo, o las tres anteriores pero las ventas se habrán incrementado hasta cifras record. Entonces llegará el verdadero patrón, revisará los libros del encargado, vaciara los millones de la caja registradora y antes de irse con ese dinero un mes a Las Vegas dirá: “muy bien encargado, has establecido una nueva meta. Hay que superarla el próximo mes”.

4 comentarios:

María Ehuán dijo...
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ESA QUE NO SOY YO dijo...

A mi parecer, este asunto de la patanez ontológica de los patrones funciona así: Todos hemos sido empleados alguna vez -sí, lavar los trastes por quince varos cuando le toca a tu hermano(a) cuenta como empelo- y hemos odiado a nuestros patrones (el odio del empelado hacia el patrón también es ontológico), hemos sufrido sus mezquinidades y los hemos acusado de monstruos inhumanos. Pero en el mismo momento en que la casualidad o los contactos (casi nunca la capacidad pero también pasa)nos colocan al mando de alguien, aunque sea por escasa media hora, ese alguien se convierte en la persona más floja, quejumbrosa e improductiva que hemos conocido y nosostros en los afortunados déspotas de un reino por desgracia casi siempre de proporciones tan irrisorias como un minimercado.

Un saludo y deja de intentar jugar volley.

Anónimo dijo...
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Anuar Jalife dijo...
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