Soñé que los pumas le anotaban quince goles al Veracruz –de ese tamaño han de ser mis necesidades emocionales– y sin embargo, en el resumen televisivo sólo veía a Bernal sacar balones imposibles, lanzarse a los pies de los tiburón, acomodar barreras flojas, golpearse contra los postes. ¿Dónde están los quince goles? –pensaba en el sueño, mientras veía a Bernal limpiarse la sangre del suéter. Desperté pensando que así me siento. Que ese sueño es el del gran engaño que es la vida. Que soy el Bernal de mi sueño, el único del equipo que ni con una goliza es capaz de ganar.
Ya me ha pasado antes. Mis sueños son nítidos como los de un niño necesitado de un triunfo, de una alegría. Hace unas noches, ya había soñado con una victoria de los pumas. En esa ocasión Hugo Sánchez los dirigía. El estadio estaba abarrotado. Leandro cruzaba una media cancha luminosa y parecía que lo que en verdad atravesaba era el medio día sobre Ciudad Universitaria. Hugo estaba ahí, lejos del fracaso preolímpico, con su saco negro, imponente, erguido, orgulloso como un padre. Y de vez, en vez, se acercaba a la tribuna para pedirnos consejo a Joaquín Sabina y a mí, que compartíamos asientos y reíamos con cada gol. Desperté haciéndome una pregunta: ¿Cuándo soñaré con una derrota de mis pumas?
Merry Christmas
Hace 12 horas

2 comentarios:
Y qué, Sabina repetía Lo que debes querer es haber nacido en el Mediterráneo".
Saludos desde el que siempre soñó ser J.C.
jajaja Supongo que Sabina cantaba Dieguitos y Mafaldas. La Culpa es de Ferreti. Saludos
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