En estos más de 3 años de blog, por estas páginas han corrido confesiones, interrogatorios, burlas y vituperios pero nunca se me había reclamado por la tesis. Así que, en un acto demagógico, y obligado por las circunstancias, no veo otro remedio que publicar un fragmento de la misma para saciar las ansias de aquellos deseperados que -los entiendo- no pueden aguardar por la verdad:
(Del cap. I "Perderse para encontrarse: los jóvenes Contemporáneos")
...desde los tiempos más antiguos los poetas han tenido la vaga impresión de que su voz no les pertenece del todo y que el aliento que la anima proviene de una región interior pero más vasta y profunda que ellos mismos. Desde la invocación a las musas de la poesía helénica hasta nuestros días, esta idea, con sus transformaciones, ha sido en ensencia, la misma: no es sólo el poeta quien habla en el poema, otra voz le dicta y otra mano detiene la prisa de su mano; la poesía dialoga con el sujeto y lo conduce a la morada del lenguaje, el sitio donde el veradero nombre de las cosas es revelado. Inspiración, éxtasis, arrobamiento, genio, son los nombres con los que se han aproximado a esta idea de la experiencia poética como un más allá de uno mismo. Sin embargo, es hasta la llegada de los románticos alemanes que estas intuiciones cobrarán su última forma y se convertirán en una clara certeza y en la estrella que señalará los caminos poéticos de los que aún proviene nuestra poesía; todos los empeños románticos y sus incursiones por los países del sueño y la noche derivarán en una frase de Rimbaud que será la epígrafe de toda la poesía del siglo XX y, obviamente, de la del "archipiélago de soledades": j´est une autre.
Bajo esa premisa y a los ojos del fracaso romántico que buscando al "yo" encontró su disolución, los Contemporáneos emprendieron la búsqueda de nuevas vías que los comunicarán con esa región del lenguaje donde...