Soñé que Paz y Segovia venían una tarde a la casa. Casi por desuido leían unas cosas mías que estaban sobre el escritorio. Yo sudaba y como un espejo frío de mis nervios veía la ventana escurriendo gotas de lluvia. Mientras, ellos intercambiaban risas discretas, miradas cómplices. Al final simplemente me pedían omitir las epígrafes donde los citaba. “Es el riesgo de escribir –me explicaba Segovia–, uno queda expuesto a que cualquier cosa dicha cobre significancia”.
lunes, abril 20
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1 comentarios:
Una pesadilla apabullante.
Ha sido un gusto descubrir tu espacio.
Saludos...
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