lunes, abril 27

La influenza o el fin

Acostumbrados por la tradición hollywoodense a concebir Nueva York, Los Ángeles, San Franciso, Londres o París, como los únicos escenarios imaginables para el Apocalipsis o sus similares; ante el brote de la influenza porcina, los mexicanos no encontramos un referente acertado con base al cual conducir nuestras acciones. Según los ejemplos del cine deberíamos a) migrar en tropel al campo, b) enviar a un grupo de hombres vulgares pero valientes a resolver el problema o c) escondernos en el sótano. Como todos podrán ir adivinando ninguna de las opciones anteriores representa una solución en nuestro contexto porque a) nuestro problema vino del campo, b) nuestros hombres vulgares ya han sido enviados: son nuestros gobernantes, y c) no tenemos sótanos. Inmersos en nuestro caos cotidiano y en nuestra diaria tragedia hemos desarrollado la conciencia de vivir en las ruinas de lo que fuera una civilización distante: ¿la revolucionaria, la del PRI y el Estado benefactor?, no lo sé, sería trabajo de antropólogos o sociólogos descubrir los vestigios de la cultura que habitamos imaginariamente. Así, en el tránsito diario por nuestras necrópolis somos incapaces de avisar una catástrofe mayor a la que experimentamos en nuestra cotidianidad social o en nuestro mundo interior. Somos incapaces de imaginar un meteorito que derrita al Ángel de la Independencia, un simio enorme escalando la Torre Latinoamericana o un monstruo marino desbordando las aguas casi negras de Caleta y Caletilla porque esas metáforas del desastre en México se encarnizan a diario. Sólo países como los Estados Unidos o Japón, quienes presumen del orden de sus instituciones, son capaces de fabular la pesadilla de su derrumbe.
En México, contrariamente a lo que la tradición milenarista quisiera, se escriben cumbias sobre el tema (cfr. milenio.com), se anticipa la llegada del puente pero, sobre todo, se recupera la vocación filosófica de la duda. Entonces, la trama pierde su carácter apocalíptico para convertirse en detectivesca. A un mes de que nuestra democracia crezca, y crezcamos todos, al mexicano le resulta inevitable pensar que la dichosa influenza porcina no sea sino la versión sofisticada del chupacabras o los náufragos que vivieron de gaviotas y agua de lluvia durante seis meses en el Pacífico. Sin embargo, la proliferación de los cubrebocas por algunas ciudades del país denota cierta credulidad en los mensajes del Estado. Quizá en la inteligencia de que, efectivamente, el distractor esta vez es demasiado elaborado y verosímil, sin la dosis fantástica a la que nos tiene acostumbrados el gobierno. Más hubiera valido el descubrimiento de restos extraterrestres en algunas ruinas mayas o la aparición en público del bebé de la tigresa que el complicado argumento de una nueva cepa del virus de la influeza, derivado de la combinación del virus aviar, el porcino y el humano, en un subtipo B, etc. Por lo pronto, yo hipocondríaco, me daré una sobredosis de simi vitamina C y me andaré sin saludarlos. Esperemos que esto más que la aparición de un nuevo virus sea la de un nuevo genio y en unos días un nuevo Welles aparezca en pantalla diciendo “los engañé”.

martes, abril 21

Viernes de perros en Irapuato



Presentación editorial
los perros del alba.
Irapuato.
Viernes 24 de abril.
Casa de la Cultura.
20.00 horas.

lunes, abril 20

Soñe que Paz y Segovia...

Soñé que Paz y Segovia venían una tarde a la casa. Casi por desuido leían unas cosas mías que estaban sobre el escritorio. Yo sudaba y como un espejo frío de mis nervios veía la ventana escurriendo gotas de lluvia. Mientras, ellos intercambiaban risas discretas, miradas cómplices. Al final simplemente me pedían omitir las epígrafes donde los citaba. “Es el riesgo de escribir –me explicaba Segovia–, uno queda expuesto a que cualquier cosa dicha cobre significancia”.

jueves, abril 2

Presentación de Yo mismo de Valdivia

Hoy presento junto con Francisco López Yo mismo (y otros ensayos sobre percepción y literatura) de Benjamín Valdivia.


Auditorio Euquerio GuerreroJueves 2 de abril
18.00 horas