La sonrisa de Hiroshima, publicado originalmente en 1958, es el poemario más célebre de Eugen Jebeleanu y uno de los más altos ejemplos de su poesía. En este libro el escritor rumano asume y expone el compromiso no sólo estético sino moral que debe significar para el poeta “tomar la palabra”. Si Jebeleanu se hace de ella es para entregarla a los vencidos, a los ausentes del desfile de la historia, a los que han perdido la voz o nunca la han tenido. La poesía se vuelve capaz de horadar en el lenguaje, llegar a su cara oculta y nombrar lo que éste esconde. En el poemario se escuchan las voces de la ciudad, el pescador, el obrero, el comerciante, los niños muertos, los verdugos, las cenizas; así, el poema abre un espacio para la memoria y rescata a este coro de olvidados: “Oh, recordadlos, por siempre recordad / a los muertos anónimos de Hiroshima… / Y no olvidéis a quienes los mataron”. De este modo –escribe Omar Lara– para Jebeleanu “el poeta es el hombre que no olvida y la poesía un acto de responsabilidad ante la historia, un intento de crear desde un material frágil (la palabra) un instrumento terrible contra el mal”.
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